En mis artículos pasados te platiqué sobre la importancia de la alimentación. Hay un órgano que es un reflejo de nuestro metabolismo, el hígado. De seguro has escuchado sobre el hígado graso. El término médico es esteatosis hepática. Se produce cuando los triglicéridos, un tipo de grasas, se acumulan en las células del hígado; además está relacionada con la resistencia a la insulina en el hígado y en los músculos. Si no has leído el artículo te invito a que lo leas para que entiendas qué ocurre en las células durante la resistencia a la insulina.

El hígado graso se divide básicamente en alcohólico y no alcohólico. Esto se refiere a que si la causa se debió al consumo de alcohol o no. En este artículo me enfocaré más al hígado graso no alcohólico, denominado NAFLD, por sus siglas en inglés: non alcoholic fatty liver disease. Yo me concentraré en la esteatosis hepática no alcohólica.

La grasa en el hígado causa daño a sus células llamadas hepatocitos, esto hace que vaya evolucionando a problemas más graves. El hígado graso tiene mayor riesgo de progresar a fibrosis hepática, falla hepática y más adelante, a cirrosis y carcinoma de hígado. Además, el hígado graso también puede sufrir inflamación aguda, a lo que se le llama esteatohepatitis, NASH por sus siglas en inglés: non alcoholic steatosis hepatitis. Todo esto ocurre aunque no se haya consumido alcohol.

La grasa en el hígado no se acumuló de la noche a la mañana, tuvo que pasar mucho tiempo, al menos meses o años; esa grasa acumulada son triglicéridos. Los triglicéridos se elevan en la sangre principalmente debido al consumo de carbohidratos simples, incluyendo el azúcar. Este estilo de vida llevó a la resistencia a la insulina y, por lo tanto, a otras enfermedades que van de la mano, como síndrome metabólico, Diabetes Mellitus y obesidad. Todo esto aumenta el riesgo de muerte por problemas cardiovasculares y enfermedades malignas. Por lo tanto el hígado graso no sólo le causa problemas al hígado, sino que además tiene consecuencias a nivel sistémico, es decir, en todo el cuerpo. (Catoira N. Et al, Diagnóstico de esteatosis hepática por métodos clínicos, bioquímicos y por imágenes, Revista Argentina de Endocrinología y Metabolismo, Volumen 54, Issue 1, January–March 2017, Pages 37-46).

¿Pero qué tan grave es tener hígado graso? Cuando vemos en microscopio una muestra de hígado graso, se ve que la estructura de las células está totalmente alterada: en vez de que las células estén ordenadas con su forma normal, están rodeadas por unas burbujas de grasa. Además se produce una inflamación crónica, lo cual también se puede ver en el tipo de células inflamatorias que se van acumulando en el hígado.

El hígado graso está revelando todo un desajuste en el metabolismo. Una revisión en el Journal of Hepatology en el 2014, reportó que el hígado graso es un factor independiente para el riesgo de cardiovascular, lo que se refiere al riesgo de sufrir un infarto al corazón o un infarto cerebral. Una amplia evidencia asocia al hígado graso con disfunción endotelial, aumento en la calcificación de las arterias coronarias y engrosamiento de arterias carótidas.

En palabras simples, cuando las arterias coronarias (las arterias del corazón) se calcifican y se endurecen, es más probable sufrir un infarto al corazón. Las arterias carótidas son las arterias que llevan sangre al cerebro, y cuando una de estas arterias engrosa y se calcifica, se puede formar émbolos que se van al cerebro y producen infartos cerebrales. La disfunción endotelial se refiere a al mal funcionamiento del endotelio, que es la capa que cubre por dentro a las arterias; su inflamación o daño es lo que ocasiona problemas cardiovasculares como los que les acabo de mencionar. (Francque SM, et al, Non-alcoholic fatty liver disease and cardiovascular risk: Pathophysiological mechanisms and implications. Journal of Hepatology, 2016 Aug;65(2):425-43).

En otra revisión publicada en “Science Report” en el 2016, se mostró que la relación entre el riesgo cardiovascular y el hígado graso no siempre era consistente; ya que el riesgo se reducía cuando las personas controlaban adecuadamente las otras enfermedades que también aumentan el riesgo cardiovascular como obesidad, hipertensión y diabetes. Esto es una muy buena noticia, recuerda que con el estilo de vida se puede influenciar positiva o negativamente esas enfermedades, ¡tú elijes cómo!. (Wu, S. et al. Association of non-alcoholic fatty liver disease with major adverse cardiovascular events: A systematic review and meta-analysis. Sci. Rep. 6, 33386; doi: 10.1038/srep33386 [2016]).

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